Cada año, millones de personas ingresan en un servicio de urgencias hospitalarias y experimentan una sensación de extrañamiento difícil de poner en palabras. Es esa vivencia recurrente de sentirse espectador de la propia vida, percibir que el tiempo transcurre de forma distorsionada y experimentar la estancia como un espacio suspendido entre dos identidades: la persona sana que se era al cruzar la puerta y la persona enferma con diagnóstico en la que se terminará convirtiendo.

A pesar de ser una experiencia común, la literatura científica la ha abordado hasta ahora de forma fragmentada. Un reciente trabajo de revisión elaborado por un investigador independiente con formación en ingeniería industrial, plantea una tesis central: no falta evidencia científica sobre esta vivencia, sino integración entre las disciplinas que la estudian.

Cuatro miradas sobre una misma experiencia

El estudio sintetiza cuatro cuerpos teóricos y empíricos procedentes de la psiquiatría, la antropología, la sociología y las ciencias de la enfermería que raras veces dialogan entre sí:

  • El componente neuropsicológico (disociación peritraumática): La psiquiatría del trauma lleva décadas documentando que el peligro inminente o el estrés agudo desencadenan respuestas adaptativas de la conciencia, como la despersonalización (desconexión del propio cuerpo), la desrealización (percibir el entorno como irreal o de ensueño) y la alteración de la percepción temporal (Noyes et al., 1977; Ursano et al., 1999). Investigaciones en entornos hospitalarios reales indican que cerca del 28% de los pacientes atendidos tras accidentes de tráfico presentan síntomas disociativos significativos, siendo la distorsión del tiempo el síntoma más prevalente. Además, experimentar disociación en urgencias quadruplica el riesgo de desarrollar posteriormente trastorno de estrés postraumático (TEPT).

  • El componente antropológico (liminalidad): Formulada por Arnold van Gennep y Victor Turner para explicar los ritos de paso en sociedades tradicionales, la liminalidad describe la fase intermedia de un tránsito en la que se suspenden las categorías sociales habituales. Aplicado al ámbito sanitario, el paciente en urgencias entra en un umbral donde ya no ejerce su rol cotidiano, pero tampoco cuenta con un diagnóstico definitivo (Skene et al., 2017; Dauphin et al., 2020). En un estudio etnográfico, estudiantes de medicina llegaron a representar esta disonancia mediante un dibujo que combinaba los relojes blandos de Dalí con el torbellino asistencial al otro lado del box (Gonzalo et al., 2017).

  • El componente institucional (mirada clínica y pérdida de agencia): La sociología y la filosofía describen los mecanismos organizativos que transforman al paciente en objeto de proceso. Mediante el «rol de enfermo» (Parsons), el propio paciente asume una pasividad cooperativa para no sobrecargar al personal (Pavedahl et al., 2024); mediante la «mirada clínica» (Foucault), el cuerpo es descompuesto en un conjunto de constantes y datos objetivables (Peloquin, 1993); y mediante el control del tiempo y el espacio (Goffman), la autonomía personal se ve temporalmente supeditada a la institución.

  • El componente existencial (vulnerabilidad en entornos técnicos): Investigaciones cualitativas recientes en enfermería identifican la «vulnerabilidad existencial en un entorno técnico» (Pavedahl et al., 2026). La irrupción súbita de la urgencia médica confronta al individuo con su propia finitud (Yalom, 1980) e interrumpe su biografía cotidiana, imposibilitando ordenar lo vivido en un relato coherente y generando lo que Arthur Frank definió como una «narrativa caótica».

‘Liminalidad cinematográfica’: un marco para unir los fragmentos

Para dar respuesta a este mapa disperso, el trabajo propone el concepto sensibilizador de liminalidad cinematográfica —o, en una terminología más técnica, experiencia liminal de desrealización en un entorno institucional medicalizado.

La propuesta une dos dimensiones fundamentales: el sustantivo antropológico (liminalidad, el tránsito identitario en el umbral) y el adjetivo perceptivo (cinematográfica, la textura visual y distanciada de observarse a uno mismo como en una película).

El artículo añade además una observación fenomenológica en primera persona: la pérdida de control no siempre se vive de forma completamente pasiva. El autor describe una forma de «agencia narrativa vicaria» o coautoría afectiva, donde el tránsito por el box de urgencias se asemeja a una aventura gráfica point-and-click (estilo SCUMM de los años 90), en la que cada prueba o analítica se percibe como una pista hacia la resolución de un enigma clínico.

Transparencia y agenda futura de investigación

Uno de los puntos clave del escrito es su explícita declaración de limitaciones metodológicas:

  • El autor advierte de su formación en ingeniería industrial y su falta de titulación clínica, psiquiátrica o sociológica formal.

  • El trabajo se presenta como una revisión narrativa exploratoria, sin protocolo PRISMA ni datos empíricos primarios.

  • No se pretende postular una nueva entidad nosológica ni un diagnóstico psiquiátrico, sino ofrecer una herramienta conceptual para orientar el diálogo entre disciplinas.

Como legado principal, el estudio plantea que este marco integrador no debe tomarse como un punto final, sino como una hipótesis de trabajo que debe someterse a verificación empírica mediante entrevistas fenomenológicas cualitativas a pacientes tras su paso por urgencias.

fuente: https://doi.org/10.5281/zenodo.22160541