¿Alguna vez has deseado algo con todas tus fuerzas? Puede que fuera ese nuevo teléfono, un ascenso en el trabajo o que esa persona especial te prestara atención. Sentías que, si conseguías eso, tu vida sería perfecta.
Pero luego ocurrió. Lo conseguiste.
¿Y cuánto duró la euforia? ¿Dos días? ¿Una semana? De repente, el objeto de tu deseo perdió su brillo y te encontraste buscando la siguiente meta, el siguiente «subidón».
Bienvenido a la trampa existencial de Arthur Schopenhauer.
La trampa del Péndulo
Schopenhauer, el filósofo alemán conocido por su pesimismo (o realismo brutal), planteó una de las máximas más devastadoras sobre la condición humana. Él visualizaba la vida no como un camino hacia la felicidad, sino como un péndulo que oscila incesantemente entre dos extremos:
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El Dolor (La Frustración): Cuando no tenemos lo que queremos, sufrimos. La carencia nos duele. Vivimos en un estado de ansiedad y esfuerzo constante por alcanzar esa meta.
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El Aburrimiento (El Hastío): Cuando por fin conseguimos lo que queremos, la satisfacción es fugaz. Al desaparecer la carencia, desaparece el propósito. Nos invade el vacío, el aburrimiento y la falta de sentido.
Según Schopenhauer, «La vida oscila como un péndulo, de atrás hacia adelante, entre el dolor y el aburrimiento».
El juego está amañado
Si lo piensas bien, es una estafa cósmica. Nuestra «Voluntad» (esa fuerza interna que nos empuja a vivir y desear) es insaciable. Es como intentar llenar un cubo que tiene un agujero en el fondo.
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Si deseas y no consigues: Vives frustrado, amargado y ansioso.
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Si deseas y consigues: Te aburres, y ese aburrimiento te empuja a crear nuevos deseos innecesarios para volver a sentir «algo», reiniciando el ciclo de dolor.
Vivimos en una sociedad que nos grita «¡Persigue tus sueños!», «¡No te conformes!», «¡Compra más!». Pero Schopenhauer te diría que esa es precisamente la receta para la infelicidad eterna.
La solución radical: Desear lo menos posible
Si el juego está diseñado para que pierdas (ya sea por dolor o por aburrimiento), la única forma de ganar es dejar de jugar.
La conclusión de Schopenhauer no es el suicidio, sino la negación de la voluntad. En términos modernos y prácticos, esto significa abrazar una especie de minimalismo existencial:
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Reduce tus expectativas: La felicidad no es tener mucho, sino necesitar poco.
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Contemplación sobre acción: Aprende a disfrutar del arte, la música o la naturaleza sin intentar «poseerlos».
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Aceptación: Entender que la satisfacción permanente es una ilusión biológica nos libera de la presión de ser «felices» todo el tiempo.
Conclusión
Desear menos no significa convertirse en una estatua o no tener metas. Significa entender que la meta no te va a salvar. Significa romper el ciclo de adicción al deseo.
La próxima vez que sientas esa urgencia ardiente por comprar algo o conseguir un estatus, recuerda al viejo Schopenhauer. Pregúntate: ¿Estoy dispuesto a sufrir por esto, solo para aburrirme de ello cuando lo tenga?
Quizás, la verdadera libertad no está en conquistar el mundo, sino en que no te importe no hacerlo.

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